viernes 19 de diciembre de 2008

LA INJUSTICIA GLOBALIZADA

Por Amparo Jaramillo-Restrepo

En un conmovedor discurso pronunciado en Porto Alegre, Brasil, en el 2002, el Nóbel portugués José de Saramago, pronunció un discurso en el que narra la historia de un campesino italiano, cansado de luchar contra un terrateniente que movía los linderos de su propiedad, para invadir la de su vecino. Hasta que un día, cansado de apelar a las leyes de su región sin ningún éxito, el campesino se dirigió a la iglesia de la aldea y empezó a tocar las campanas, con un sonido fúnebre que sorprendió a los parroquianos, pues ninguno de sus amigos o parientes estaba en peligro de muerte.

“Por quién doblan las campanas? Quién ha muerto?” Preguntaron todos a coro al llegar a la plaza

“HA MUERTO LA JUSTICIA”, fue la respuesta contundente del campesino.

De acuerdo a las palabras de Saramago, “esta es la única vez, en cualquier parte del mundo, en que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la justicia”. Y agrega que “nunca más ha vuelto a oír el fúnebre sonido de la aldea de Florencia, más la justicia siguió y sigue muriendo todos los días”

Gracias a Dios a nadie se le ha ocurrido esa idea en nuestra amada Colombia, tal vez porque la mayor parte de las iglesias permanecen cerradas, o porque estamos tan adormecidos que nos acostumbramos a convivir con el cadáver de la justicia, sin que a nadie se le haya ocurrido repetir el gesto del campesino italiano.

Por eso continuamos celebrando multimillonarios reinados de belleza en ciudades rodeados de tugurios, dejamos las tierras más fértiles para los ricos, y damos recompensas millonarias a asesinos, mientras nuestros hospitales se cierran por falta de dinero.

Me duele Colombia.

Buga, diciembre l9 del 2008