(Relación con los Estados Unidos)
Por Amparo Jaramillo-Restrepo
Interesantes y verídicas las palabras del Presidente Barack Obama cuando dice que los países latinoamericanos no pueden seguir culpando de todos sus males a Estados Unidos.
Ayer no más escuchaba una retrasmisión desde Méjico en la cual el Presidente Vicente Fox le pide a los Estados Unidos ser más sensible a los problemas de los inmigrantes. No sé ni siquiera con qué cara lo hace, pues durante su gobierno se preocupó muy poco por las clases menos favorecidas de su país. Por si no lo saben, Méjico es uno de los países con el mayor número de multimillonarios, mientras buena parte de su pueblo está en la miseria absoluta. Y esa es una de las causas de que los mejicanos pobres tengan que emigrar.
Fueron los gobiernos mejicanos los que aprobaron tratados de libre comercio que favorecieron los productos subsidiados de los Estados Unidos. Por esa razón los campesinos tuvieron que abandonar sus parcelas y ahora fabrican sus tortillas con el maíz importado. Fueron esos mismos gobiernos los que permitieron la proliferación de maquilas que estafan a los pobres obreros y envenenan las aguas de los ríos mejicanos.
Así que ni Fox ni los otros Presidentes latinoamericanos que no han hecho reformas sociales porque creen que la justicia y la libertad se consiguen a tiros, tienen por qué quejarse. La inseguridad, y la injusticia social son los culpables en primer lugar de que los latinoamericanos tengan que emigrar.
El mismo Presidente Obama reconoce por supuesto que ha habido una larga cadena de políticas erradas por parte de los Estados Unidos: Intervención indebida en nuestros asuntos internos, apoyo a dictadores como Somoza, Pinochet, Trujillo y otros; el bloqueo a Cuba que en lugar de derribar el régimen de Castro lo ha fortalecido; compañías extranjeras que se han aprovechado de nuestros recursos naturales; el tráfico criminal de armas que nos llegan para alimentar la violencia; la guerra contra la droga impuesta por el vecino del norte y sustentada en políticas erradas. Pero todo eso se debe a que hemos tenido gobiernos débiles o corruptos, y a una oligarquía que se ha dejado comprar.
¡Toda la culpa es nuestra!
domingo, 19 de abril de 2009
martes, 17 de marzo de 2009
ENTRE LA RECOMPENSA Y EL SOBORNO
Por Amparo Jaramillo-Restrepo
(Un comentario amargo sobre temas de actualidad).
La recompensa y el soborno son estrategias tan viejas como el mundo. Lo malo es que las estamos exagerando y distorsionando.
Exagerándolas y distorsionándolas hasta el punto de acostumbrar a los ciudadanos a recibir y cobrar recompensas por cumplir con su deber de denunciar ilícitos, y ofrecer miles de millones de pesos por los secuestradores y victimarios de una persona y cincuenta millones el mismo día por otra víctima igualmente inocente. Quién dijo que la recompensa o el castigo dependen de la importancia de la persona?
Confundiéndolas, cuando se incita a los miembros de un ejército a fabricar pruebas para mostrar “positivos”, sin importar las víctimas, como en el caso de los falsos atentados guerrilleros en Bogotá; o tantos otros, aquí y acullá, como introducir drogas en un equipaje para ganar puntos, así se hundan humildes inmigrantes.
Los nuevos planes educativos están plagados de esas recompensas, casi sin sentido llamadas logros, o créditos, como hacen algunas escuelas estadounidenses con quien lleve una botella de agua a gimnasia, y en otras latitudes con quien hable bien o vaya bien vestido/a, o asista o no a una conferencia, o a determinada actividad.
Lo malo es que hemos borrado casi por completo la distinción entre la recompensa y el soborno; y que hemos extendido esas prácticas a todos los sectores de la sociedad.
“Si ganas el año, te compro un I-Pod” dice la mamá.
“Si me ayudas a preparar un acto terrorista…”.
“Si me ayudas a elegir a fulano, te doy… un pasaje a San Andrés, o un mercado, o una nevera, o una moto, o un empleo”. (Depende del cargo).
“Si me ayudas a conseguir el contrato, te doy parte de mi comisión”.
“Si recomiendas mis productos ( medicinas, cosméticos, etc) ganarás bonos”.
Y así hasta el aberrante caso del policía que le sugirió a una niña someterse a un nuevo abuso, para filmar al criminal en su aberrante delito con el fin de poder filmarlo todo. En esa forma se conseguirían dos objetivos: una recompensa para el oficial, por ayudar a detener a un violador, y el hecho más triste aún, de que al fin la familia y la sociedad, creyeran sus acusaciones.
Pero lo más grave además es que las recompensas y el soborno se utilizan en todas latitudes, hasta comprometer gigantes como la multinacional Simmens, acusada de conseguir contratos multimillonarios en Latinoamérica, con base en esa práctica criminal.
Y por supuesto sabemos que faltan muchas transnacionales en la lista, y que con la misma fórmula se han enriquecido no solamente los traficantes de la droga, sino también los traficantes de armas alrededor del mundo.
¡QUÉ HORROR!
(Un comentario amargo sobre temas de actualidad).
La recompensa y el soborno son estrategias tan viejas como el mundo. Lo malo es que las estamos exagerando y distorsionando.
Exagerándolas y distorsionándolas hasta el punto de acostumbrar a los ciudadanos a recibir y cobrar recompensas por cumplir con su deber de denunciar ilícitos, y ofrecer miles de millones de pesos por los secuestradores y victimarios de una persona y cincuenta millones el mismo día por otra víctima igualmente inocente. Quién dijo que la recompensa o el castigo dependen de la importancia de la persona?
Confundiéndolas, cuando se incita a los miembros de un ejército a fabricar pruebas para mostrar “positivos”, sin importar las víctimas, como en el caso de los falsos atentados guerrilleros en Bogotá; o tantos otros, aquí y acullá, como introducir drogas en un equipaje para ganar puntos, así se hundan humildes inmigrantes.
Los nuevos planes educativos están plagados de esas recompensas, casi sin sentido llamadas logros, o créditos, como hacen algunas escuelas estadounidenses con quien lleve una botella de agua a gimnasia, y en otras latitudes con quien hable bien o vaya bien vestido/a, o asista o no a una conferencia, o a determinada actividad.
Lo malo es que hemos borrado casi por completo la distinción entre la recompensa y el soborno; y que hemos extendido esas prácticas a todos los sectores de la sociedad.
“Si ganas el año, te compro un I-Pod” dice la mamá.
“Si me ayudas a preparar un acto terrorista…”.
“Si me ayudas a elegir a fulano, te doy… un pasaje a San Andrés, o un mercado, o una nevera, o una moto, o un empleo”. (Depende del cargo).
“Si me ayudas a conseguir el contrato, te doy parte de mi comisión”.
“Si recomiendas mis productos ( medicinas, cosméticos, etc) ganarás bonos”.
Y así hasta el aberrante caso del policía que le sugirió a una niña someterse a un nuevo abuso, para filmar al criminal en su aberrante delito con el fin de poder filmarlo todo. En esa forma se conseguirían dos objetivos: una recompensa para el oficial, por ayudar a detener a un violador, y el hecho más triste aún, de que al fin la familia y la sociedad, creyeran sus acusaciones.
Pero lo más grave además es que las recompensas y el soborno se utilizan en todas latitudes, hasta comprometer gigantes como la multinacional Simmens, acusada de conseguir contratos multimillonarios en Latinoamérica, con base en esa práctica criminal.
Y por supuesto sabemos que faltan muchas transnacionales en la lista, y que con la misma fórmula se han enriquecido no solamente los traficantes de la droga, sino también los traficantes de armas alrededor del mundo.
¡QUÉ HORROR!
jueves, 29 de enero de 2009
NO TE EXTRAÑE HERMANO
Por Amparo Jaramillo Restrepo
"Mientras los hijos de los israelitas aprendieron a tocar el piano,
los nuestros aprendieron a tirar piedras" (Comentario de una madre
palestina hace varios años en la Faja de Gaza). Creo que ante la situación actual, sobran los comentarios.
No te extrañe hermano
si en lugar de amar
aprendo a odiar.
Si en lugar de descubrir
el mundo de la tecnología
y de la ciencia
descubro crimen y violencia.
Si en lugar de construir
aprendo a destruir.
No te extrañe hermano
si en lugar de soñar
con la conquista
de la luna y las estrellas
tengo que limitarme
a pelear por las migajas de pan
que caen de tu mesa.
No te extrañe hermano
si algún día mi mano,
que no aprendió amor
ni compasión,
que no fue entrenada
para sanar heridas
o construir un mundo mejor,
se vuelve contra ti.
No te extrañe hermano.
En el desierto
no crecen sino cactus.
Nota de la autora: escribí este poema hace años en Los Estados Unidos. Pero creo que sigue siendo válido, no solamente respecto al conflicto entre Israel y Palestina, sino en todas las sociedades en donde existen las injusticias y las desigualdades sociales.
"Mientras los hijos de los israelitas aprendieron a tocar el piano,
los nuestros aprendieron a tirar piedras" (Comentario de una madre
palestina hace varios años en la Faja de Gaza). Creo que ante la situación actual, sobran los comentarios.
No te extrañe hermano
si en lugar de amar
aprendo a odiar.
Si en lugar de descubrir
el mundo de la tecnología
y de la ciencia
descubro crimen y violencia.
Si en lugar de construir
aprendo a destruir.
No te extrañe hermano
si en lugar de soñar
con la conquista
de la luna y las estrellas
tengo que limitarme
a pelear por las migajas de pan
que caen de tu mesa.
No te extrañe hermano
si algún día mi mano,
que no aprendió amor
ni compasión,
que no fue entrenada
para sanar heridas
o construir un mundo mejor,
se vuelve contra ti.
No te extrañe hermano.
En el desierto
no crecen sino cactus.
Nota de la autora: escribí este poema hace años en Los Estados Unidos. Pero creo que sigue siendo válido, no solamente respecto al conflicto entre Israel y Palestina, sino en todas las sociedades en donde existen las injusticias y las desigualdades sociales.
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