lunes, 20 de octubre de 2008

MONÓLOGO DEL NIÑO SOLDADO

Por Amparo Jaramillo-Restrepo

Me condenaron al nomadismo desde tu vientre, madre,
y el único techo que conocí fue el arco suave de tu brazo.
Sin tierra para vivir, nadie me enseñó nunca
el arte bendito de sembrar, ni el íntimo goce
de recoger la cosecha. No aprendí el diálogo ritual
del pescador, amansando ríos y lagunas
para arrancarles el húmedo tesoro de sus peces,
y así saciar el hambre. Tampoco me enseñaron
como a mis antepasados a tejer redes y mantas
con las fibras multicolores de las plantas de mi patria.
Ni siquiera me era dado hartarme de frutas a mi paso
pues los árboles ya tenían dueño cuando nací, madre.
Pero en cambio, muy pronto, me quitaron de las manos,
pequeños tréboles de cinco dedos, la pelota de trapo
y me colocaron en ellas un fusil. Me arrancaron de la garganta
los últimos monosílabos de mi niñez para inscribirme en ella
himnos de guerra que apenas entiendo.
Me sacaron de los bolsillos las luciérnagas de mi infancia,
y colocaron en ellos granadas incendiarias.
Sin tiempo ni espacio para hacer amigos, me fabricaron enemigos
y me condenaron a vivir huyendo, en medio de pesadillas de muerte
que no me abandonan nunca desde que me convirtieron
en niño soldado, los mismos que nunca me enseñaron a sembrar,
ni a pescar, ni a tejer, ni a leer las estrellas,
ni a reír, ni a jugar, ni a solazarme con los libros,
pues a las escuelas ya las había devorado la guerra
o estaban vedadas para mi, madre.
Por eso soy un niño soldado sin techo, sin familia, sin patria,
cuya sombra se agiganta sobre la conciencia atrofiada del mundo.
Demasiado joven para tener un pasado,
demasiado pequeño y débil para asomarme al futuro,
joven niño viejo, con un alma mercenaria
que me colocaron infames titiriteros, los que me convirtieron
en niño soldado y me colgaron consignas y banderas
que no me pertenecen, antes de que mi propia alma
tuviera tiempo de despertarse.
Solo eso soy: Un niño soldado a quien le enseñaron
únicamente a matar para defender las ideas de otros,
las tierras de otros, los dioses de otros,
y hasta los árboles ajenos,
de cuyo fruto no probaré nunca, madre!.

BIENVENIDOS A LA PAZ

Por Amparo Jaramillo-Restrepo

Leo en El Espectador de Bogotá un artículo que me encoje el corazón titulado: Bienvenidos a la Guerra.
Es la historia de grupos criminales de izquierda y de derecha que reclutan niños en los mismos colegios de las zonas marginales de Bogotá. Pero la historia se repite en varios sitios del planeta, en donde los niños y los jóvenes están dejando las escuelas como dice el periódico por causa de la pobreza, la violencia o la ambición. Respetando las diferencias me refiero a un recuerdo reciente, cuando un grupo de reclutadores del ejército de los Estados Unidos aprovecharon un desfile en Norwalk, CT., y abordaron a varios jóvenes estudiantes para invitarlos a alistarse en las diferentes armas.
Por muchos años tuve casi una obsesión por ese problema que ha convertido a los menores de edad en participantes en los distintos conflictos armados, o en la delincuencia común, cuando no en esclavos o esclavas sexuales de guerrilleros y los turistas.
Pero no podemos quedarnos en la denuncia. La única solución es que en todos los países del planeta, y en este caso en los dos que más conozco y me desvelan, Colombia y Estados Unidos, cambiemos la política de victimizar a las víctimas, y en lugar de destinar billones de dólares o pesos en perseguir estos jóvenes delincuentes los utilicemos para proporcionar a nuestros niños y jóvenes un mejor sistema educativo, mejores programas de salud mental, mejor nutrición y sobre todo crear en ellos la certidumbre de que si ellos, como decimos diariamente, son el futuro del mundo, haremos lo posible para que su futuro sea más justo y seguro.
Tendremos que decirles en todas las formas “BIENVENIDOS A LA PAZ”.
Porque como vamos, invirtiendo más en cárceles que en escuelas, vamos mal. No es justo que en algunas partes del mundo los niños tengan que cambiar los libros por las armas, y que en el caso particular de Colombia, mi amado país, las únicas alternativas para los muchachos pobres o desplazados sean el ejército, si califiquen, la guerrilla o el sicariato, como lo confesó una vez con profundo dolor el General Barón. Porque como decía en estos días Juan Gossain, uno de los periodistas más conocidos en Colombia, el dilema ahora no es “qué clase de mundo les vamos a dejar a nuestros hijos y nietos, sino qué clase de ciudadanos le vamos a dejar al mundo”.

Buga, 20 de octubre del 2008

domingo, 19 de octubre de 2008

Blog favorito

Por favor, miren este blog, y acepto más recomendaciones de blogs:

O sitio de Cuca

Publicado por la Doctora Margarida Pino, una mujer extraordinaria, que trae a sus lectores y amigos variada y muy interesante información acerca del mundo de la cultura en su país, Portugal, y el resto del mundo.

sábado, 18 de octubre de 2008

ORACIÓN POR LA PATRIA

ORACIÓN POR LA PATRIA
© Amparo Jaramillo-Restrepo


Te suplico Señor, si oyes mi ruego,
extender tu mirada hacia mi patria
donde los campesinos ya no duermen
y el rumor de las risas se ha apagado.
Extiende tu mirada hacia los niños
en su cunas mecidas por relámpagos,
sin rondas infantiles, ni cometas,
con sus sueños doblados bajo el brazo,
eternos trashumantes que se pierden
sobre una geografía alucinada,
donde hasta el cucarachero ha enmudecido
y agonizan de horror las alboradas.

Te suplico Señor, si oyes mi ruego,
calmar las tempestades de mi patria.

viernes, 17 de octubre de 2008

EL ACOSTUMBRAMIENTO

Por Amparo Jaramillo-Restrepo

En una interesante entrevista con Hernán Darío Restrepo, un veterano periodista colombiano, sobre el flagelo del secuestro en Colombia, dice que uno de los fenómenos más dolorosos es el “acostumbramiento” a esa clase de delitos. Pero somos así.
Somos así, y tal vez haya mérito en esa flema colombiana que hace a la mayoría de nuestros hermanos inmunes a la violencia, a la corrupción y a tantos otros males que padecemos. De ahí que continuemos siendo según las encuestas uno de los pueblos más felices del planeta, no importa que la tercera parte de la población en una ciudad como Cartagena, se vaya a la cama sin comer.
Sin embargo, ustedes me perdonan si a mis años, yo si le pido a Dios, como en la canción, que el sufrimiento de la gente no me sea indiferente.
Me duele el cinismo con que tratamos a los desplazados e indigentes, concluyendo que piden limosna porque quieren y ese es un gran negocio.
Me duele la discriminación en varias partes del planeta, como en Florida, donde algunos hispanos se niegan a votar por un candidato negro, y los haitianos son rechazados y devueltos al mar cuando logran llegar a una costa de los Estados Unidos, mientras los cubanos, si son blancos, son recibidos con todas las garantías que se dan a los exilados políticos.
Me duelen por supuesto, las madres de los soldados y policías colombianos envueltos en diferentes guerras; me parten el alma los muchachos y muchachas, sobre todo ellas, que son esclavas de las FARC, porque tal vez creyeron en su momento que ese era el único camino para salir de la miseria o del anonimato.
Me duele la ignorancia y la superficialidad con la que se gobierna de espaldas al país, como la Ministra de Educación que decreta desde su oficina una semana de Ocio Institucionalizado en octubre, cuando los alumnos del calendario B apenas están empezando el año lectivo y sus padres no han acabado de pagar matrículas o útiles. Ignorando el hecho de que en el Valle del Cauca hay muchos chicos y chicas que no conocen Cali y mucho menos Buenaventura.
Se me parte el corazón al ver las fotografías de esos chiquillos colombianos que caminan horas cada día a su escuela atravesando ríos o recorriendo senderos impensables colgados casi como las águilas al borde de un precipicio para asistir a unas pocas horas de clase, para encontrarse algunas veces con que el maestro no pudo llegar o que deben sentarse en el piso por falta de mobiliario…en la otra Colombia.
Y ni hablar de la guerra siempre presente, en este joven Coronel que muere en un accidente mientras iba a auxiliar a uno de sus soldados, o el soldado raso que perdió sus dos manos, sus dos alas protectoras, por recoger una bolsa que contenía una mina. Cuándo tendremos paz?
Por consiguiente, no me acostumbro y digo como en la canción,
SOLO LE PIDO A DIOS QUE LA INJUSTICIA NO ME SEA INDIFERENTE.

BUGA, l6 de Octubre del 2008