martes, 17 de marzo de 2009

ENTRE LA RECOMPENSA Y EL SOBORNO

Por Amparo Jaramillo-Restrepo
(Un comentario amargo sobre temas de actualidad).


La recompensa y el soborno son estrategias tan viejas como el mundo. Lo malo es que las estamos exagerando y distorsionando.

Exagerándolas y distorsionándolas hasta el punto de acostumbrar a los ciudadanos a recibir y cobrar recompensas por cumplir con su deber de denunciar ilícitos, y ofrecer miles de millones de pesos por los secuestradores y victimarios de una persona y cincuenta millones el mismo día por otra víctima igualmente inocente. Quién dijo que la recompensa o el castigo dependen de la importancia de la persona?
Confundiéndolas, cuando se incita a los miembros de un ejército a fabricar pruebas para mostrar “positivos”, sin importar las víctimas, como en el caso de los falsos atentados guerrilleros en Bogotá; o tantos otros, aquí y acullá, como introducir drogas en un equipaje para ganar puntos, así se hundan humildes inmigrantes.

Los nuevos planes educativos están plagados de esas recompensas, casi sin sentido llamadas logros, o créditos, como hacen algunas escuelas estadounidenses con quien lleve una botella de agua a gimnasia, y en otras latitudes con quien hable bien o vaya bien vestido/a, o asista o no a una conferencia, o a determinada actividad.

Lo malo es que hemos borrado casi por completo la distinción entre la recompensa y el soborno; y que hemos extendido esas prácticas a todos los sectores de la sociedad.

“Si ganas el año, te compro un I-Pod” dice la mamá.
“Si me ayudas a preparar un acto terrorista…”.
“Si me ayudas a elegir a fulano, te doy… un pasaje a San Andrés, o un mercado, o una nevera, o una moto, o un empleo”. (Depende del cargo).
“Si me ayudas a conseguir el contrato, te doy parte de mi comisión”.
“Si recomiendas mis productos ( medicinas, cosméticos, etc) ganarás bonos”.
Y así hasta el aberrante caso del policía que le sugirió a una niña someterse a un nuevo abuso, para filmar al criminal en su aberrante delito con el fin de poder filmarlo todo. En esa forma se conseguirían dos objetivos: una recompensa para el oficial, por ayudar a detener a un violador, y el hecho más triste aún, de que al fin la familia y la sociedad, creyeran sus acusaciones.

Pero lo más grave además es que las recompensas y el soborno se utilizan en todas latitudes, hasta comprometer gigantes como la multinacional Simmens, acusada de conseguir contratos multimillonarios en Latinoamérica, con base en esa práctica criminal.

Y por supuesto sabemos que faltan muchas transnacionales en la lista, y que con la misma fórmula se han enriquecido no solamente los traficantes de la droga, sino también los traficantes de armas alrededor del mundo.

¡QUÉ HORROR!