Por Amparo Jaramillo-Restrepo
(Un comentario amargo sobre temas de actualidad).
La recompensa y el soborno son estrategias tan viejas como el mundo. Lo malo es que las estamos exagerando y distorsionando.
Exagerándolas y distorsionándolas hasta el punto de acostumbrar a los ciudadanos a recibir y cobrar recompensas por cumplir con su deber de denunciar ilícitos, y ofrecer miles de millones de pesos por los secuestradores y victimarios de una persona y cincuenta millones el mismo día por otra víctima igualmente inocente. Quién dijo que la recompensa o el castigo dependen de la importancia de la persona?
Confundiéndolas, cuando se incita a los miembros de un ejército a fabricar pruebas para mostrar “positivos”, sin importar las víctimas, como en el caso de los falsos atentados guerrilleros en Bogotá; o tantos otros, aquí y acullá, como introducir drogas en un equipaje para ganar puntos, así se hundan humildes inmigrantes.
Los nuevos planes educativos están plagados de esas recompensas, casi sin sentido llamadas logros, o créditos, como hacen algunas escuelas estadounidenses con quien lleve una botella de agua a gimnasia, y en otras latitudes con quien hable bien o vaya bien vestido/a, o asista o no a una conferencia, o a determinada actividad.
Lo malo es que hemos borrado casi por completo la distinción entre la recompensa y el soborno; y que hemos extendido esas prácticas a todos los sectores de la sociedad.
“Si ganas el año, te compro un I-Pod” dice la mamá.
“Si me ayudas a preparar un acto terrorista…”.
“Si me ayudas a elegir a fulano, te doy… un pasaje a San Andrés, o un mercado, o una nevera, o una moto, o un empleo”. (Depende del cargo).
“Si me ayudas a conseguir el contrato, te doy parte de mi comisión”.
“Si recomiendas mis productos ( medicinas, cosméticos, etc) ganarás bonos”.
Y así hasta el aberrante caso del policía que le sugirió a una niña someterse a un nuevo abuso, para filmar al criminal en su aberrante delito con el fin de poder filmarlo todo. En esa forma se conseguirían dos objetivos: una recompensa para el oficial, por ayudar a detener a un violador, y el hecho más triste aún, de que al fin la familia y la sociedad, creyeran sus acusaciones.
Pero lo más grave además es que las recompensas y el soborno se utilizan en todas latitudes, hasta comprometer gigantes como la multinacional Simmens, acusada de conseguir contratos multimillonarios en Latinoamérica, con base en esa práctica criminal.
Y por supuesto sabemos que faltan muchas transnacionales en la lista, y que con la misma fórmula se han enriquecido no solamente los traficantes de la droga, sino también los traficantes de armas alrededor del mundo.
¡QUÉ HORROR!
martes, 17 de marzo de 2009
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