Por Amparo Jaramillo-Restrepo
En una interesante entrevista con Hernán Darío Restrepo, un veterano periodista colombiano, sobre el flagelo del secuestro en Colombia, dice que uno de los fenómenos más dolorosos es el “acostumbramiento” a esa clase de delitos. Pero somos así.
Somos así, y tal vez haya mérito en esa flema colombiana que hace a la mayoría de nuestros hermanos inmunes a la violencia, a la corrupción y a tantos otros males que padecemos. De ahí que continuemos siendo según las encuestas uno de los pueblos más felices del planeta, no importa que la tercera parte de la población en una ciudad como Cartagena, se vaya a la cama sin comer.
Sin embargo, ustedes me perdonan si a mis años, yo si le pido a Dios, como en la canción, que el sufrimiento de la gente no me sea indiferente.
Me duele el cinismo con que tratamos a los desplazados e indigentes, concluyendo que piden limosna porque quieren y ese es un gran negocio.
Me duele la discriminación en varias partes del planeta, como en Florida, donde algunos hispanos se niegan a votar por un candidato negro, y los haitianos son rechazados y devueltos al mar cuando logran llegar a una costa de los Estados Unidos, mientras los cubanos, si son blancos, son recibidos con todas las garantías que se dan a los exilados políticos.
Me duelen por supuesto, las madres de los soldados y policías colombianos envueltos en diferentes guerras; me parten el alma los muchachos y muchachas, sobre todo ellas, que son esclavas de las FARC, porque tal vez creyeron en su momento que ese era el único camino para salir de la miseria o del anonimato.
Me duele la ignorancia y la superficialidad con la que se gobierna de espaldas al país, como la Ministra de Educación que decreta desde su oficina una semana de Ocio Institucionalizado en octubre, cuando los alumnos del calendario B apenas están empezando el año lectivo y sus padres no han acabado de pagar matrículas o útiles. Ignorando el hecho de que en el Valle del Cauca hay muchos chicos y chicas que no conocen Cali y mucho menos Buenaventura.
Se me parte el corazón al ver las fotografías de esos chiquillos colombianos que caminan horas cada día a su escuela atravesando ríos o recorriendo senderos impensables colgados casi como las águilas al borde de un precipicio para asistir a unas pocas horas de clase, para encontrarse algunas veces con que el maestro no pudo llegar o que deben sentarse en el piso por falta de mobiliario…en la otra Colombia.
Y ni hablar de la guerra siempre presente, en este joven Coronel que muere en un accidente mientras iba a auxiliar a uno de sus soldados, o el soldado raso que perdió sus dos manos, sus dos alas protectoras, por recoger una bolsa que contenía una mina. Cuándo tendremos paz?
Por consiguiente, no me acostumbro y digo como en la canción,
SOLO LE PIDO A DIOS QUE LA INJUSTICIA NO ME SEA INDIFERENTE.
BUGA, l6 de Octubre del 2008
viernes, 17 de octubre de 2008
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2 comentarios:
Estoy encantada por conocer a tu blog. Una idea maravillosa querida Amparo. Sé que todos los que leiren tus posts miraran el mundo de tu ventana y van a disfrutar de poesia y de prosa en que el sentido de justicia y de humanismo darán mas belleza a la mirada.
Tia, que rico encontrar un lugar donde pueda disfrutar de todo tu encanto y el de tu poesia.
Tus escritos me encantan y me hacer reflexionar sobre los temas que tratas. Lo disfrutare.
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